Dos días… ¡Dos días y todavía nada! Claro, ella, la muy ilusa, le escribía una carta poco menos diciéndole que lo amaba y que lo daría todo por él. Ya era de noche, así que prendió la radio para escuchar algo que le diera el valor de llamarlo otra vez. Tenía que decírselo. ¿Necesitaba una excusa? ¡Por supuesto que no! ¡Absolutamente legítimo llamar de nuevo, sólo para aclarar las cosas! No le gustaban las cosas así no más, no era tan relajada como él. ¡Esto no podía seguir así! Pero ya tenía la solución: la única forma de empezar nuevamente algo serio con él, era haciéndole creer que quería terminarlo. ¡Claro! ¡No le cabía otra posibilidad! En el peor de los casos, le daría la razón, y las dudas, las angustias, encontrarían su fin.¿Pero y si en realidad estaba ponderando lo sucedido, para no volver a comenzar algo que en el pasado no había funcionado? O quizás, simplemente se frustraba por no encontrar una media hora para decirle que en realidad moría por ella y quería que estuvieran juntos. ¡Estúpida! Probablemente no se estaba riendo, algo de bondad siempre se puede presumir todavía en los hombres, pero quizás se sentía placenteramente enfermo. Claro, la besó, hizo como que eran pareja de nuevo (total era por unos días solamente) y aprovechó de satisfacer los impulsos que ella frenó en seco la última vez. Dulce venganza. Maldito.
Bajó el volumen de la música y lo llamó, detestando cada tono que antecedía una respuesta. Si no contestaba, peor para él: borraría inmediatamente su teléfono y ¡olvidaría siquiera haberlo conocido! Pero contestó. Obvio que el problema no era que no encontrara tiempo para llamarla; se escuchaban risotadas de amigas y música alegre, era una fiesta… Contuvo un momento la ira para empezar a decirle lo que planeaba. Ella cortó el silencio: “Te llamo para decirte que no puedo más. ¡Me dijiste que me ibas a llamar en un rato y han pasado dos días!”, dijo poniendo gran acento en la palabra “dos”. “Estoy sufriendo. Tú me estás haciendo sufrir. Mejor, hasta aquí no más llegamos”.
Él contestó: “Pero… Tontita. No te respondo no por orgullo, sino porque quiero estar seguro de que es lo correcto”.
“¿En serio?”
Risas
“Sí… Prefiero no prometer nada hasta estar totalmente convencido, para que sea algo estable, algo que dure, no como antes… Pero te he echado de menos y eso es mejor, me ayuda a decidirme… Por ese lado… ¿Me entiendes?”
Ahora estaba más tranquila. Claro que volverá a llamar. Pero ¿si no llamaba? Llamaría. Pero ella había decidido qué hacer, ya tenía la respuesta para dejar de pensar en tantas estupideces. Iba a esperar. Pero no de brazos cruzados, no… Iba a esperar una respuesta, pero no lo iba a esperar a él, porque él llegaría. Quizás lo llamaría para decírselo… No, mejor no. No podía esta vez mostrar debilidad. Él llamaría…
