viernes, septiembre 05, 2008

Dos

Dos días… ¡Dos días y todavía nada! Claro, ella, la muy ilusa, le escribía una carta poco menos diciéndole que lo amaba y que lo daría todo por él. Ya era de noche, así que prendió la radio para escuchar algo que le diera el valor de llamarlo otra vez. Tenía que decírselo. ¿Necesitaba una excusa? ¡Por supuesto que no! ¡Absolutamente legítimo llamar de nuevo, sólo para aclarar las cosas! No le gustaban las cosas así no más, no era tan relajada como él. ¡Esto no podía seguir así! Pero ya tenía la solución: la única forma de empezar nuevamente algo serio con él, era haciéndole creer que quería terminarlo. ¡Claro! ¡No le cabía otra posibilidad! En el peor de los casos, le daría la razón, y las dudas, las angustias, encontrarían su fin.
¿Pero y si en realidad estaba ponderando lo sucedido, para no volver a comenzar algo que en el pasado no había funcionado? O quizás, simplemente se frustraba por no encontrar una media hora para decirle que en realidad moría por ella y quería que estuvieran juntos. ¡Estúpida! Probablemente no se estaba riendo, algo de bondad siempre se puede presumir todavía en los hombres, pero quizás se sentía placenteramente enfermo. Claro, la besó, hizo como que eran pareja de nuevo (total era por unos días solamente) y aprovechó de satisfacer los impulsos que ella frenó en seco la última vez. Dulce venganza. Maldito.

Bajó el volumen de la música y lo llamó, detestando cada tono que antecedía una respuesta. Si no contestaba, peor para él: borraría inmediatamente su teléfono y ¡olvidaría siquiera haberlo conocido! Pero contestó. Obvio que el problema no era que no encontrara tiempo para llamarla; se escuchaban risotadas de amigas y música alegre, era una fiesta… Contuvo un momento la ira para empezar a decirle lo que planeaba. Ella cortó el silencio: “Te llamo para decirte que no puedo más. ¡Me dijiste que me ibas a llamar en un rato y han pasado dos días!”, dijo poniendo gran acento en la palabra “dos”. “Estoy sufriendo. Tú me estás haciendo sufrir. Mejor, hasta aquí no más llegamos”.

Él contestó: “Pero… Tontita. No te respondo no por orgullo, sino porque quiero estar seguro de que es lo correcto”.

“¿En serio?”

Risas

“Sí… Prefiero no prometer nada hasta estar totalmente convencido, para que sea algo estable, algo que dure, no como antes… Pero te he echado de menos y eso es mejor, me ayuda a decidirme… Por ese lado… ¿Me entiendes?”

Ahora estaba más tranquila. Claro que volverá a llamar. Pero ¿si no llamaba? Llamaría. Pero ella había decidido qué hacer, ya tenía la respuesta para dejar de pensar en tantas estupideces. Iba a esperar. Pero no de brazos cruzados, no… Iba a esperar una respuesta, pero no lo iba a esperar a él, porque él llegaría. Quizás lo llamaría para decírselo… No, mejor no. No podía esta vez mostrar debilidad. Él llamaría…

Uno

La noche ya caía y la angustia iba inundando el espíritu de quien, hace unos días, había expuesto su alma a aquel cuya llamada estaba esperando. Por su parte estaba todo dicho, por lo que no tenía ninguna excusa más o menos sólida para iniciar una nueva conversación, conversación que en cualquier caso terminaría avergonzándola nuevamente por tratar de acelerar una respuesta que, de forzar, sin duda odiaría. ¡Qué posición más incómoda y frustrante, para quien estaba acostumbrada a tener el control y que creía ser experta en manipular las situaciones a su favor! Por el contrario, cada vez que aplicaba las viejas fórmulas de suspiros, silencios, dulces amenazas y falsos sacrificios, éstas arremetían como contra muros de concreto, que aunque se desgastaran, se iban regenerando sucesivamente, gracias a la inteligencia de su oponente.

Sin embargo, y a pesar de lo que sabía que iba a suceder, decidió llamarlo una vez más. Pero esta vez, para terminar con todo. No quería más esperas ni dudas. ¿Estará pensando en nosotros, sintiendo renacer su espíritu con la ilusión de una nueva oportunidad? ¿Estará arrepintiéndose de haber fingido lo que podría haber sido una relación, sólo para vengarse? ¿Para tenerla en sus brazos una vez más? ¿Estará simplemente demasiado ocupado, rogando por un lapso suficiente de tiempo para recuperarla y volver a estar juntos? Las preguntas la atormentaban, y alimentaban también la ilusión de que todo fuera como antes, pero la mera incertidumbre de un final feliz no lograban aplacar el dolor.
Bajó el volumen de la música y marcó el número, escuchando cada tono de la forma más atenta, rogando porque no contestara. Pero eso no pasó. Al otro lado del teléfono se escuchaban voces y música alegres, que la entristecieron aún más. Comenzó con un silencio: él no iba a dar pie para una conversación que también intuía. Ella comenzó: “estabas tan frío cuando estuvimos juntos. Yo te dije todo lo que sentía, los sueños e ilusiones que tenía contigo, lo mucho que te extraño y quiero verte, tenerte, tocarte… Tú te quedas en las sombras; en silencio, frío silencio que me hiere cada día que pasa”. Él siguió: “no respondo no por orgullo, sino porque quiero estar seguro de que es lo correcto. No puedo hacerte promesas por ahora porque quiero que sea en serio, algo duradero, verdadero… Tengo muchas cosas que evaluar, pero te he extrañado, y eso me ayuda más a tomar una decisión…”
Fue un poco liberador. Podría ser falso, podría ser cierto, pero ya tenía la respuesta. Todas las preguntas que la atormentaban habían encontrado una solución: olvidarse unas de otras. Y para ello, olvidarlo a él. No volverá, así de simple. Borró su número, y de ahora en adelante lo borraría a él. Había pensado en llamar de nuevo y decírselo: a medida que no te decidas, te iré olvidando… Pero esa sería una nueva e infructuosa manipulación.

lunes, agosto 11, 2008

El encuentro


Mientras esperaba, decidió encender un cigarro para matar el tiempo. Hace años que no fumaba, pero esta vez parecía necesario comenzar ya a recordar ese hedor exquisito, que en algún momento y paradójicamente, era signo de bienestar, junto a un café dulce bien cargado. Miraba para todos lados, nerviosa, aunque sabía que el momento aún tardaría en llegar.

Maldita costumbre que tenía de llegar a todas partes unos veinte y hasta treinta minutos antes, cuando los encuentros eran importantes. Estaba vestida menos elegante que de costumbre, porque después de pasar varios minutos cambiándose de tenida una y otra vez, optó por usar algo simple, ropa sentadora pero infinitamente usada, para ver si podía reflejar sólo sentimientos neutros; seguía siendo algo ingenua. Lo mismo con el maquillaje. Mirándose al espejo, después de haberse puesto base, rubor, rímel, delineador y brillo, se lavó dos veces la cara hasta tenerla en blanco nuevamente. Lo mejor era no resaltar.

La espera se hacía tediosa, por lo que prendió su walkman para escuchar un poco de música. Era el sucesor de aquél que él mismo le había regalado hace años. ¡Cómo la conocía entonces! Sabía que antes del viaje, ni un anillo, ni una carta, ni cualquier otro gesto romántico sería mejor recibido que ese, resignándose a que, a pesar de que toleraba con bastante agrado la música que él hacía y escuchaba, jamás transaría sus melodías favoritas. Varios meses pudo usarlo para escuchar una y otra vez sus canciones preferidas, hasta sabérselas de memoria, hasta obligar a todo el mundo a oírlas, una y otra vez. Pero un día, un ladrón se lo arrebató violentamente y en un segundo, desapareciendo para siempre. Ironía.

Las entrañas se le retorcían más a medida que la hora avanzaba. Trataba de distraerse releyendo nuevamente el diario, que ya había terminado, pero no funcionaba. Se sentía observada por toda la gente que la rodeaba, en pareja, con amigos, en familia… Sola, ella destacaba, aumentando la angustia de la espera y llenando el lugar de la misma expectativa que la estaba matando: todos los presentes en ese lugar sabían que alguien iba a llegar, que algo, aunque no les interesara, iba a pasar. Que dentro de aquella sala se produciría un cambio.

El lugar de encuentro no era muy idóneo: un café barato dentro de un cine no era un sitio muy ceremonioso como para una reunión así. Pensó en algún momento que le agregaría casualidad y le restaría gravedad, tratando inútilmente de esconder y tapar la inmensidad de aquél encuentro, en que el café, los cigarrillos, la gente y el ruido sólo eran una burda excusa que pondría un poco de realidad en una reunión casi surrealista. Tanto tiempo, tantas cosas habían sucedido… La carga era demasiado grande; las culpas, inevitables.

Trataba de concentrarse en lo que escuchaba y en lo que leía, pero no podía. Cada minuto que pasaba, su mirada se dirigía irremediablemente hacia la escalera, decepcionándose y sintiéndose aliviada cada vez que no lo veía. Imaginándose que llegaba y que sonreía, haciendo desaparecer el nerviosismo y las tristezas, y transformando el encuentro en una mera reunión nostálgica que sólo podría traerle paz. Pero no sucedería.

Ya había transcurrido tiempo suficiente, así que se levantó y guardó el diario, el walkman, el teléfono celular y un libro que siempre traía consigo. Se puso el abrigo y los guantes, tomó el vaso vacío y el cenicero y lo botó a la basura. Caminando y escuchando música, se reía nerviosamente por dentro, el corazón palpitándole fuerte. Esta vez, sólo por una casualidad tuvo que parar en ese café a matar el tiempo. ¿Qué pasaría en ese encuentro, si éste en relidad ocurriera?

jueves, junio 19, 2008

Cuatro Cuartos versus Tres Cuartos

Cuatro cuartos es alegre, es familiar. Al escucharlo, se le siente conocido y cómodo; puede llegar a ser melancólico, pero casi siempre prediciendo un final, por triste o alegre que éste sea. Es más fácil, porque al ser reconocido en la mente y el corazón, estampa una imagen inmediata y clara, e inspira emociones bien definidas, como si se estuviera viendo una fotografía en que se puede ver una escena en la que uno ya estuvo.

Tres cuartos es diferente. Es atrevido y poco común en estos tiempos, aunque es el ritmo del vals y de la cueca. Pero luego adquiere otra identidad, complementado por instrumentos eléctricos y por batería, que en la mayoría de los casos, es la que lleva el compás y por lo tanto determina el ritmo que la canción va a tener.

El tres cuartos inspira con fuerza cosas que el cuatro cuartos no puede representar, por eso mismo de la nitidez que emana. Crea una imagen algo borrosa, como un sueño, convirtiendo a la melodía en algo onírico que puede derivar en distintas sensaciones.

Puede originarse algo extremadamente sensual, que sugiere movimientos lentos, pero marcados, bajo una luz tenue, entre negra y azulada. Evoca terciopelo y suavidad, pero osadía al mismo tiempo. El corazón como que se acelera, opreso por un ritmo pausado, pero lleno de augurios. Crea una angustia arrolladora; el tipo de ansiedad que atrapa e impacienta, que hace casi necesitar que el momento que se desea llegue ahora, de inmedito, porque el nudo en la garganta excita pero desespera.

Lo anterior hace que esta música sea adictiva, porque se cree llegar, el momento está ahí; tan cerca, se puede oler, ver, escuchar, tocar y sentir, pero no... No llega, no se alcanza. Pero es tan irresistible, que hay que intentarlo de nuevo. Y otra vez. Y una vez más...

También puede tener una faceta fantástica. Más similares al vals, las modernas canciones en tres cuartos evocan un mundo de fantasía que transporta al siglo XVII o XVIII, pero no de forma histórica, sino surrealista. Ya no se ven colores azulados y oscuros, sino colores brillantes, aunque siempre aterciopelados. Más que oscuridad y tinieblas sensuales, se percibe una niebla onírica, un filtro de opacidad en las imágenes que resalta la sensación de que esto no está ocurriendo en la realidad, pero que podría, aunque uno sabe que no. Sólo siente que sí.

Se aprecia también un ambiente lleno de lujo y majestuosidad mullida, en que uno descansa tratando de descubrir ese misterio que embarga el tres cuartos tipo vals, que se quiere descubrir, pero no ahora, porque la sola sensación de estar expectante al momento en que se revele es justamente lo que produce ese placer que sólo es capaz de producir el tres cuartos, que revive la melodía del vals, pero actualizándolo con nuevos sonidos, creando algo novedoso, que sólo algunos tienen la paciencia de conocer.

Pero no sólo existen estos dos ritmos. No soy músico, lo que sé es por propio interés y es muy poco. Sé que hay cinco cuartos, también siete cuartos, pero es más difícil de encontrar y de escuchar. En el rock progresivo se da más seguido.


Referencias: Varias, pero las que últimamente he escuchado mucho, son “Shine On You Crazy Diamond” de Pink Floyd, que tiene el mérito de mezclar tres con cuatro cuartos, cambiando, de golpe o a veces en forma sutil, las sensaciones que provoca y “Tuna in the Brine”, de Silverchair.


viernes, mayo 16, 2008

Qué asco el confort

Varios de mis amigos macho-ABC1 me han dicho que estoy en decadencia, y a decir verdad, hay veces en que les encuentro razón.

He estado últimamente en carretes en donde se habla de regalos de matrimonio, tipo de anillo de compromiso o "roca"... ¡y hasta de mueblistas!

Yo prefiero hablar del verdadero confort. ¿Alguien sabe por qué es tan difícil cotizar confort?

No es como cotizar galletas, o ropa, en que generalmente hay sólo 3 alternativas: a) la buena y cara, b) la mala y barata c) la más escasa de todas: la BBB (Buena, Bonita y Barata).

Pero el confort... Es una pesadilla. De eso debieran preocuparse en vez del mueblista.

Primero está el precio, obvio, pero no es tan simple. Tiene que ser barato (no hay ganas de gastar cuatro lucas en un montón de papel), pero rendidor. Entonces hay que ver cuantos metros tiene. Sin embargo, no hay que apurarse en juzgar sólo por la longitud: también tiene que ser de doble hoja, o triple, porque sino se necesitan más cuadraditos para... you know...

Después, está la suavidad. Nadie se quiere limpiar con lija... Pero ese que tiene como puntitos es más absorvente, por lo tanto más rendidor y conveniente (estoy sonando ahora como la señora del Líder). Decisiones, decisiones.

Por último, pero no menos importante, esta el color. De hecho, esa es una buena forma para empezar el análisis después de la impactante cara de impresión al ver la pared entera de estantes llena de papel higiénico que no se sabía que existían. EL CONFORT CELESTE, ROSADO, VERDE O AMARILLO NO SE COMPRA. Aunque es barato, nunca es suave, ni doble hoja, ni absorvente con puntitos ni rendidor.

Bueno. Si se puede hablar de bandejas, lámparas y minipimers, de rocas y de muebles... ¿Por qué no podemos hablar de(l) confort?

martes, abril 22, 2008

La verdad es que...

Confieso que soy muy mala para leer el diario. Me da lata. Soy de las personas que se alimenta de la noticia/chisme callejero, de las portadas exhibidas en los quioscos y del concho de noticias que alcanzo a ver entre la teleserie y el inevitable cambio a mi serie gringa favorita. Pero caí en la oferta del Mercurio para estudiantes y me puse a leerlo.

Interesante, la verdad. Descubrí que el diario puede ser hasta entretenido.

Pero de lo que quiero hablar hoy en realidad es de un tema muy cliché; tanto, que hablar de ello como el tema en sí, son enfermos de clichés: la mentira en la sociedad.

Obviamente, mi estilo, al menos por ahora, no son los ensayos ultra densos e informados, porque yo no soy ni tan densa ni tan informada. Sólo me voy a basar en lo que he leído los últimos días.

Pastilla del día después

No voy a entrar en detalles de si la pastilla es abortiva o no, ni del derecho a la vida contra el derecho al propio cuerpo, ni del pensamiento de la Iglesia, ni voy a entonar un diálogo de un feto con su mamá rogándole con voz chillona que no lo aborte (¿Alguien ha escuchado ese aviso en la radio?). Solo enunciaré las mentiras.

El gobierno dice que es una cuestión de justicia social. Que no es posible que sólo las mujeres con recursos económicos tengan acceso a la pastilla, que es entregarle a la gente lo que en su justo derecho pide, que las mujeres tienen el derecho a elegir, y un montón de patrañas por el estilo.

Ahora la verdad. La pastilla del día después es sólo una versión refinada de "Bolivia quiere mar". Bolivia tiene salida al mar -aunque no soberana- por un puerto peruano, que no pescan ni en bajada (esto me lo dijo un boliviano). Pero todo el mundo sabe -menos una gran parte de los bolivianos- que una salida al mar no arregla ninguno de los problemas bolivianos, y que se aprovecha una situación quizás legítima como voladero de luces (como dice mi papá), para que todos miren hacia Chile y lo culpen de todas sus desgracias.

Nuestra pastilla del día después es nuestra solicitud de salida al mar. El Postinor no va a bajar las tasas de embarazos no deseados.

A propósito, tengo una duda... Si la pastilla sólo la dan con receta médica, hay que ir al ginecólogo dentro de las 48 horas siguientes a la relación sexual. Sin mencionar que entonces acostarse un viernes en la noche podría ser muy complicado, ¿cómo pretenden que eso ocurra si se demoran con suerte un mes en el consultorio para dar una hora de consulta médica? Porque obviamente, si alguien no tiene las lucas para pagar por su PDD, menos para ir a un médico particular...

Bueno, volviendo al tema. La mentira se desarrolla para cubrir otra verdad: el gobierno no se ha hecho cargo en serio de los motivos por los que tanto defienden su Postinor. Desde casos trágicos (de esos por los cuales la gente dice "Y estos huevones rechazan la PDD...") como el hacinamiento de grupos de personas, que provoca violaciones constantes y recurrentes entre miembros de una misma familia y que lleva a las mezclas más aberrantes de parentezco (abuelo/padre; sobrino/hijo; hijo/hermano, etc.); hasta los "ups, me lo metieron" de la gran mayoría de las futuras usuarias de la pastilla.

Respecto a los casos de violación e incesto, tenemos a un gobierno más preocupado de las elecciones primarias y de la Yasna que de la justicia familiar o la superación de la pobreza, que hace de la situación antes descrita, algo que se repetirá generación tras generación.

Por otro lado, existe un bombardeo de erotismo y sexualidad en todas partes, y un estado laico y libertino que cree que impartir educación sexual ética sería introducir ideologías en la política, o sea, un gobierno cobarde que sólo se atreve a decir "use condón" o "pokemones, por favor retirarse de los parques".

Así no funciona la cosa.

Grupos sociales no gubernamentales, que hoy recorren la ciudad con pancartas del estilo "La mujer tiene el derecho a elegir" o que cantan por Paseo Ahumada "Nosotras parimos, nosotras elegimos", la Katherine Salozny en la portada de LUN con cara de "soy rica e inteligente" afirmando que está por la PDD y bueno, todos los miembros no estatales ni políticos cuya bandera de lucha es el supuesto derecho a elegir, mienten. No es el derecho a elegir, porque si la píldora es abortiva, no puedo elegir entre "mi vida" (que en realidad es "mi plata", "mi comodidad", "mi juventud") y la vida (esa sí) del ser humano que va a nacer. Es simplemente un qué importa. Un "ojos que no ven, corazón que no siente"¿Para qué "cagarse la vida" por un pirigüín todo enclenque que ni en la ecografía sale? Lo que Katherine y su pandilla pretenden, no es defender el derecho de la mujer, sino promocionar un "hágalo fácil". No se complique tanto señora, si se mandó un domingo siete, tómese las dos pildoritas, que nadie lo va a saber.

Pero no crean que soy fundamentalista con el tema. Todavía tengo millones de dudas. Lamento decirlo, pero hasta la Iglesia miente. Hoy, Monseñor Goic, ante las amenazas de los alcaldes de la Concertación de repartir la pastilla amparados por no sé qué ley, dijo que si el fallo del Tribunal Constitucional hubiera sido contrario, jamás (por eso mi profesor de castellano decía "nunca digas nunca, nunca digas siempre, nunca digas todo y nunca digas nada") llamarían a los católicos a no repartirla... ¡Por favor! ¡Cuando la pastilla se empezó a vender, fue lo primero que hicieron! Recuerden todo el problema de los dueños de farmacias católicos, que no vendían por objeción de conciencia, el gobierno amenazando con obligarlos a venderla, etc. Obvio que llamarían a los católicos a no repartirla, y si no lo hiciera, qué desilusión...

Lo de la pastilla, así como todos los temas contingentes que van transitando como diapositivas por los diarios, no terminan por acuerdos, sino por el siguiente tema que se roba la portada del Mercurio y los otros medios. Lógico: es un diálogo, no de sordos, sino que de mentirosos. Es un diálogo de conjeturas y especulaciones, de contradicciones, de falsedades y de pajas en el ojo ajeno versus troncos en el propio. Es un diálogo entre lo que se cree, lo que se dice y lo que se cree que el otro está diciendo por un lado; y lo se que dice, pero no se cree y lo que se dice y lo que se cree que le están diciendo por otro. Un gasto de energía y un enredo innecesario.

Por mientras, cada 10 minutos alguien tiene un hijo no planeado y cada 5 alguien está teniendo sexo con otro. Eso es lo único cierto.

sábado, abril 12, 2008

Resultados del focus group virtual "Ir sola al cine, ¿Es patético o es cool?"



Bueno, la foto quizás no es del todo acertada, porque a) el tipo es patético en sí y b) porque es hombre, y eso creo que cambia las respuestas de todos.

La pregunta surgió a raíz de una ida al cine con mi amiga Berni. Fuimos, cual amigas solteras que se apañan, a ver Viaje a Darjeeling (por cierto, la recomendamos) y éramos nosotras, puras parejas, y un tipo solo. No iba al cine con una amiga desde que tenía como 15. Entonces, empezamos a hablar del tema, y yo confesé que siempre había pensado ir al cine sola (tomando en cuenta que cruzo la calle y llego), pero que quizás era un poco patético. Y se me ocurrió preguntarle a la "gente". Y esto es lo que salió, según mis estadísticas convenientemente mal calculadas y tomando en cuenta que tengo mayoría de amigos hombres:

Un 55% de los encuestados, correspondientes al grupo macho recio ABC1 (algo caveman) sostiene que es irremediablemente patético.

Un 5%, que corresponde a la Berni, encuentra que no es patético si no tengo que hacer un gran esfuerzo para ir al cine. Es decir, o me voy de mi pieza para ver tele, o me voy de mi casa a ver una película en el cine. en el primer caso: 2 minutos. En el segundo, 7.

Un 5% que corresponde a mi amigo Franco dice que no es patético at all. Él es especial...

Un 5% que corresponde a mi amigo Huevo, dice que es patético... Pero reconoció haberlo hecho... Varias veces y cuando chico. Al final, le da lo mismo...

Un 5%, que corresponde a mi amiga Caleias dice que es romántico, porque cabe la posibilidad de encontrarte con el chico de tus sueños y acabar agarrándotelo... Pero no creo que pase a menudo...

Un 25%, correspondiente a mí y otros que piensan como yo, sostenemos algo bastante simple: depende de la película. No puedes ir a ver sola una película tipo "The Notebook", porque la depresión sería irreversible y el llanto, incontrolable y ridículo. Pero "Viaje a Darjeeling" es una película para ir a verla sólo porque es buenísima y no por anotar un evento en la agenda social. No es romántica, es cine arte (eso es cool en algunos subambientes), es de Wes Anderson, cuyo humor negro sólo entienden los entendidos, es entretenida y la puedes recomendar a tus amigos y contarles que la viste sola sin vergüenza... Y hasta con orgullo.

Espero que los porcentajes sumen 100. Si suman más, es porque algunas opiniones sobran.

Te quiero "ñ"


Nunca me había cuestionado la frase "Te quiero" hasta que estuvimos en Australia.
El "te amo" es súper complicado, pero no es tan difícil, al menos para mí, de definir. Es simplemente la entrega total. La rendición. Es convertirse voluntariamente en esclavo de la persona amada, realizando así el acto más libre - y por eso mismo - contradictorio de que es capaz el ser humano. Cuando se ama, se sabe.
Pero ¿el "te quiero"?
Nos empezamos a cuestionar el asunto cuando descubrimos que en muchos idiomas, esa palabra simplemente no existe. En inglés, "I love you" es te amo, the big thing... También usan "I want you", que es como nuestro "te quiero", pero más como apasionado y con una leve o fuerte - dependiendo del contexto - connotación sexual, pero no implica en sí un sentimiento. Es más bien un "quiero estar contigo", pura voluntad.
En francés "je t'aime" también es "te amo", con toda su profundidad. También existe algo similar a nuestro "te quiero", que en este momento olvidé, pero sí recuerdo que era más bien como un "me importas".
Querer es un acto volitivo. Pero lo usamos para describir un sentimiento. Lo cual es raro, porque querer va siempre dirigido hacia algo. Uno quiere algo para otra cosa. El "te quiero" tiene un fin; el "te amo" es esencialmente inútil. Entonces, el "te quiero" se vuelve un "te amo", pero egoísta: no te quiero por tí, sino para algo (para estar conmigo, para no sentirme solo, para decir que tengo a alguien a mi lado).
Que fea se volvió de repente la frase... Al parecer, las personas no se quieren como uno quiere un helado, o un vestido. A las personas sólo se les puede amar.
En fin. Al parecer, uno usa el "te quiero" cuando nos da un miedo terrible surrender, la capitulation, rendirse. Entregarse por completo y volar, ser valiente: decir "te amo". Aunque sea un poquito.

jueves, abril 10, 2008

¿Por qué es tan rico el sushi?


Este es un tema que invita a la discusión.

Conocí el sushi hace como seis años, en un cumpleaños, donde me dio muchísima curiosidad probar estos mini bocaditos que se ven tan lindos unos al lado del otro. Porque eso hay que reconocerlo: la estética de los rollitos colorinches son uno de los factores que más nos atraen del sushi.

Pero ¿qué más?

Admitámoslo: el sushi, en general, contiene algunos o todos de los siguientes ingredientes:

  • Arroz: ¿Qué le puede encontrar uno a un arroz ultra mazamorriento, sin sal ni aceite, todo desabrido? Pero no sólo eso... Este puré de arroz que constituye la base misma del sushi tiene como ingrediente sine qua non VINAGRE. ¡Vinagre! O sea, imagínate un arroz con pollo, y alguien de repente dice: "Igual está rico, pero le falta... Vinagre". Obvio que no, si sabe a eso, empiezas a preguntar cuántos días lleva en el refrigerador. No sólo eso: el sushi profesional lleva en realidad un jarabe compuesto por vinagre, sal y azúcar, una especie de suero avinagrado... ¡Qué asco!

  • Palta: Con la palta, sólo hay dos alernativas posibles. Si te gusta, es rico con todo y a cualquier hora, así que en realidad no hace que el sushi tenga un valor agregado. Si no te gusta, no es más que algo verde, viscoso y resbaloso, que hace de cualquier comida algo aborrecible.

  • Pescado crudo: No importa que sea reineta, salmón o atún... ¡Gente! ¡Es pescado crudo! Si me retrotraigo a 7 años atrás, me hubiera dado náuseas que alguien me hubiera dicho "Oye, Jesús, ¿Vas a querer tomate con tu pedazo de pescado crudo?". Sé que esta es una parte difícil, y que no van a faltar los shuperlocos que digan "A mí siempre me ha gustado el pescado crudo, ashí"... No me vengan con huevadas... Eso sólo quiere decir "Soy tanto más bacán que tú, probé el sushi muuuucho antes... hijo..."

  • Queso crema: Lo comemos con pan cuando estamos a dieta. En un sandwich con pastrami y pan cuático, muy gourmet. Con semillas de sésamo y salsa de soya. Pero afrontémoslo: es súper fome...

  • Alga: ¿Tengo que añadir algo? ¡Ni siquiera nos gusta el cochayuyo!

Y como si esto fuera poco, y algún pavo dice "ay, pero es que la mezcla es súper rica", igual no más que todos agarramos el famoso rollito y lo bañamos en salsa de soya - los más aventureros con wasabi, cuyo aspecto no deja de ser bastante dudoso - hasta que ya no se puede saborear ni el pescado, ni la palta, ni el alga, ni el queso crema, ni menos el arroz mazamorriento, fome y avinagrado.

Los invito a reflexionar sobre el asunto y a formar un foro de discusión. Sólo dos ideas: o los gringos/japoneses (para los ingenuos: "california roll" no es típico de la milenaria cultura japonesa) nos invadieron con su cultura de globalización o la weá tiene opio...

Pelacables: El Reestreno

De los creadores de "Bolsa de Canguro", viene el nuevo estreno de "Pelacables", un sitio donde lo que escribo, básicamente, carece del más mínimo sentido. Algunos lo encontrarán tonto, autorreferente y light. Otros le buscarán la quinta pata al gato y verán trasfondos profundos en los que yo probablemente no he ni pensado.

Yo sólo espero que entretenga tanto como nuestras aventuras australianas y... Camboyanas...