Confieso que soy muy mala para leer el diario. Me da lata. Soy de las personas que se alimenta de la noticia/chisme callejero, de las portadas exhibidas en los quioscos y del concho de noticias que alcanzo a ver entre la teleserie y el inevitable cambio a mi serie gringa favorita. Pero caí en la oferta del Mercurio para estudiantes y me puse a leerlo.Interesante, la verdad. Descubrí que el diario puede ser hasta entretenido.
Pero de lo que quiero hablar hoy en realidad es de un tema muy cliché; tanto, que hablar de ello como el tema en sí, son enfermos de clichés: la mentira en la sociedad.
Obviamente, mi estilo, al menos por ahora, no son los ensayos ultra densos e informados, porque yo no soy ni tan densa ni tan informada. Sólo me voy a basar en lo que he leído los últimos días.
Pastilla del día después
No voy a entrar en detalles de si la pastilla es abortiva o no, ni del derecho a la vida contra el derecho al propio cuerpo, ni del pensamiento de la Iglesia, ni voy a entonar un diálogo de un feto con su mamá rogándole con voz chillona que no lo aborte (¿Alguien ha escuchado ese aviso en la radio?). Solo enunciaré las mentiras.
El gobierno dice que es una cuestión de justicia social. Que no es posible que sólo las mujeres con recursos económicos tengan acceso a la pastilla, que es entregarle a la gente lo que en su justo derecho pide, que las mujeres tienen el derecho a elegir, y un montón de patrañas por el estilo.
Ahora la verdad. La pastilla del día después es sólo una versión refinada de "Bolivia quiere mar". Bolivia tiene salida al mar -aunque no soberana- por un puerto peruano, que no pescan ni en bajada (esto me lo dijo un boliviano). Pero todo el mundo sabe -menos una gran parte de los bolivianos- que una salida al mar no arregla ninguno de los problemas bolivianos, y que se aprovecha una situación quizás legítima como voladero de luces (como dice mi papá), para que todos miren hacia Chile y lo culpen de todas sus desgracias.
Nuestra pastilla del día después es nuestra solicitud de salida al mar. El Postinor no va a bajar las tasas de embarazos no deseados.
A propósito, tengo una duda... Si la pastilla sólo la dan con receta médica, hay que ir al ginecólogo dentro de las 48 horas siguientes a la relación sexual. Sin mencionar que entonces acostarse un viernes en la noche podría ser muy complicado, ¿cómo pretenden que eso ocurra si se demoran con suerte un mes en el consultorio para dar una hora de consulta médica? Porque obviamente, si alguien no tiene las lucas para pagar por su PDD, menos para ir a un médico particular...
Bueno, volviendo al tema. La mentira se desarrolla para cubrir otra verdad: el gobierno no se ha hecho cargo en serio de los motivos por los que tanto defienden su Postinor. Desde casos trágicos (de esos por los cuales la gente dice "Y estos huevones rechazan la PDD...") como el hacinamiento de grupos de personas, que provoca violaciones constantes y recurrentes entre miembros de una misma familia y que lleva a las mezclas más aberrantes de parentezco (abuelo/padre; sobrino/hijo; hijo/hermano, etc.); hasta los "ups, me lo metieron" de la gran mayoría de las futuras usuarias de la pastilla.
Respecto a los casos de violación e incesto, tenemos a un gobierno más preocupado de las elecciones primarias y de la Yasna que de la justicia familiar o la superación de la pobreza, que hace de la situación antes descrita, algo que se repetirá generación tras generación.
Por otro lado, existe un bombardeo de erotismo y sexualidad en todas partes, y un estado laico y libertino que cree que impartir educación sexual ética sería introducir ideologías en la política, o sea, un gobierno cobarde que sólo se atreve a decir "use condón" o "pokemones, por favor retirarse de los parques".
Así no funciona la cosa.
Grupos sociales no gubernamentales, que hoy recorren la ciudad con pancartas del estilo "La mujer tiene el derecho a elegir" o que cantan por Paseo Ahumada "Nosotras parimos, nosotras elegimos", la Katherine Salozny en la portada de LUN con cara de "soy rica e inteligente" afirmando que está por la PDD y bueno, todos los miembros no estatales ni políticos cuya bandera de lucha es el supuesto derecho a elegir, mienten. No es el derecho a elegir, porque si la píldora es abortiva, no puedo elegir entre "mi vida" (que en realidad es "mi plata", "mi comodidad", "mi juventud") y la vida (esa sí) del ser humano que va a nacer. Es simplemente un qué importa. Un "ojos que no ven, corazón que no siente"¿Para qué "cagarse la vida" por un pirigüín todo enclenque que ni en la ecografía sale? Lo que Katherine y su pandilla pretenden, no es defender el derecho de la mujer, sino promocionar un "hágalo fácil". No se complique tanto señora, si se mandó un domingo siete, tómese las dos pildoritas, que nadie lo va a saber.
Pero no crean que soy fundamentalista con el tema. Todavía tengo millones de dudas. Lamento decirlo, pero hasta la Iglesia miente. Hoy, Monseñor Goic, ante las amenazas de los alcaldes de la Concertación de repartir la pastilla amparados por no sé qué ley, dijo que si el fallo del Tribunal Constitucional hubiera sido contrario, jamás (por eso mi profesor de castellano decía "nunca digas nunca, nunca digas siempre, nunca digas todo y nunca digas nada") llamarían a los católicos a no repartirla... ¡Por favor! ¡Cuando la pastilla se empezó a vender, fue lo primero que hicieron! Recuerden todo el problema de los dueños de farmacias católicos, que no vendían por objeción de conciencia, el gobierno amenazando con obligarlos a venderla, etc. Obvio que llamarían a los católicos a no repartirla, y si no lo hiciera, qué desilusión...
Lo de la pastilla, así como todos los temas contingentes que van transitando como diapositivas por los diarios, no terminan por acuerdos, sino por el siguiente tema que se roba la portada del Mercurio y los otros medios. Lógico: es un diálogo, no de sordos, sino que de mentirosos. Es un diálogo de conjeturas y especulaciones, de contradicciones, de falsedades y de pajas en el ojo ajeno versus troncos en el propio. Es un diálogo entre lo que se cree, lo que se dice y lo que se cree que el otro está diciendo por un lado; y lo se que dice, pero no se cree y lo que se dice y lo que se cree que le están diciendo por otro. Un gasto de energía y un enredo innecesario.
Por mientras, cada 10 minutos alguien tiene un hijo no planeado y cada 5 alguien está teniendo sexo con otro. Eso es lo único cierto.


