martes, mayo 25, 2010

El Enamorado (Santiago en 100 palabras)


La vio mientras se fumaba el cigarro de la hora de colación, apoyado en uno de los pilares del edificio en construcción. La miró a los ojos de ámbar y bajó hasta sus carnosos labios. Recorrió con detalle su pecho y su busto, para llegar a la contorneada cintura. Bajó por sus caderas anchas y resbaló entre sus muslos, encerrados en unos ajustadísimos pantalones. Pasó de largo sus altos zapatos y le lanzó un poema: haría una religión para adorarla, mi diosa…Por ese breve momento, fue suya.

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